-LeónGieco-

21 de diciembre de 2010

Eclipse lunar

A pesar de que el sueño abundaba en nuestros cuerpos, no nos resistimos a quedarnos completamente dormidos como para perdernos eso. Intentamos sostenernos en pie, pero los cafés eran inútiles, pasaban como el agua. Cuando nuestros párpados no tenían más fuerzas para mantenerse separados, empujándose, se juntaron y dieron luz a espacios de colores con árboles, aviones y paisajes inexistentes. Hasta que un dulce llamado me hizo volver a la realidad. ¿Y qué mejor razón para despertarse que saber que estabas allí sólo para nosotros? -¡Despertate! –me decían, y yo sólo respondiendo “Ahí, voy, ahí voy…con poca emoción. Pesadamente separé mi cabeza de la almohada y sin entender mucho, escuché una explicación de una dulce voz que decía algo así como que iba a ver cómo estaba todo, para luego venir y contarnos las novedades. En ese ínterin, no sé qué hice. Creo que volví a los espacios de colores con árboles, aviones y paisajes inexistentes (es lo más probable, conociéndome). Y nuevamente, una explicación de esa misma dulce voz decía que había que abrigarse un poco, no estaba como para salir en camisón y short, tomar la cámara para poder captar unos lindos momentos de belleza, una manta para envolverse y un almohadón por si daban ganas de sentarse. Me puse calzas largas, lo primero que encontré, me dejé el camisón, me puse unas medias bien largas (en realidad creo que ya las tenía puestas de antes, pero en ese momento ese era un detalle menor), tomé una manta de polar bien abrigada, y un almohadón de por ahí. Recordé en ese momento que la cámara de fotos tenía las pilas descargadas, y agradecí tener dos o tres pares más de repuesto en el estuche. Sigilosamente, pasamos por el living, el quincho, el garaje, esquivamos el auto y subimos la escalera a la terraza. Y ahí te vi, deslumbrando a los otros dos que habían llegado antes que nosotros, quienes amablemente me convidaron un mate que le dio calor a mi garganta. Reflejando toda esa luz que te prestan cada noche para que se vea tu perfecta figura. Dispuesta a dar un festín con tu cuerpo para que entendamos que la vida sigue teniendo sentido cuando te vemos girar alrededor nuestro.

Miré hacia el noroeste, luego de ver ese mar inmóvil y a la vez inquieto rebalsando de pequeñas luces que tratan de imitar al sol (creo que les dicen estrellas) y me quedé pasmada al lograr inmovilizar mi mirada en esa redondez infinita que te caracteriza, observando como el sitio sobre el que nací, vivo y viviré caminando te quitaba de a poco la luz que el sol, exactamente del otro lado, te estaba proporcionando sólo para que te viera. Me sentí un tanto culpable de interponerme en su bella historia de amor, en esa gratitud que comparten en ese inmenso manto, a veces azul y a veces celeste, que se presta para dejarlos ser ustedes mismos. Como si lo estuvieras engañando, porque viven corriéndose día y noche, tratando de alcanzarse, y cuando se encuentran, ocurren estas cosas que lo dejan a uno estupefacto. Así pues, continué observando… Creo que jamás encontraré las palabras exactas para que quien nunca te vio así, pueda entender aunque sea una mínima parte de lo que eso fue. Era extraordinario, algo de no creer. Vos más bella que nunca, con un color anaranjado en cuanto iba avanzando la sombra sobre vos. Y al girar mi cabeza, el cielo ya empezaba a aclararse. El tiempo pasaba rápidamente, tan fugaz como el movimiento de uno sobre otro, dejando una inolvidable imagen en mi memoria de ese pulcro momento. Lentamente ibas desapareciendo. Me negaba, pensaba que no quería dejarte ir, me sentía culpable por habitar este suelo que tan entrometido es. Pero comprendí que valía la pena verte asomándote para saludarnos hasta el último momento en que dejáramos que vos y el sol sigan amándose tan eternamente como siempre. Valía la pena porque te iba a extrañar, pero luego iba a verte, la noche siguiente, y sabía que eso sucedería. Repentinamente, dejé de ver esa enorme sonrisa colorada que dejabas debajo, comencé a observar un borde blanco uniforme que me hacía pensar que todavía estabas allí. Hasta que de pronto, eso también desapareció. Y quedó en mi corazón la culpa de tener bajo mis pies la tierra que quebranta su dulce amorío, pero la satisfacción de saber que saben perdonarse mejor que nadie, para, al día siguiente, continuar rodando sobre mí, persiguiéndose sucesivamente, para volverse a encontrar en un colchón que les dará las esperanzas de continuar haciendo el amor para enseñarnos a repetir ese acto sobre este mundo, y enseñarnos que no hay fronteras que separen amores de tamaña nobleza y descomunal esplendor.

All that you touch, all that you see,

all that you taste, all you feel;

all that you love, all that you hate,

all you distrust, all you save,

all that you give, all that you deal,

all that you buy, beg, borrow or steal;

all you create, all you destroy,

all that you do, all that you say;

all that you eat, everyone you meet;

all that you slight, everyone you fight;

all that is now, all that is gone,

all that's to come,

and everything under the sun is in tune,

but the sun is eclipsed by the moon ♥

(There is no dark side of the moon really.
Matter of fact it's all dark.)

3 comentarios:

  1. Me odio por no haberlo visto. Al otro día tenía que ir a cuidar a mis primos a las nueve y no me daba jaja.
    Qué lindo texto, qué linda foto ♥

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  2. Me gustó mucho :) Y mi voz no es dulce en lo más mínimo. Que se repita, y que cada vez seamos más.

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